
Tienen el conocimiento para reconocer a las más de 200 especies de árboles de la selva misionera. Las identifican por las hojas, el color, la corteza y hasta los olores. Además de la formación teórica, tienen muchas horas en el territorio, lo que aporta ese bagaje necesario para la función. Se trata de los guardabosques de la Dirección de Control Forestal del Ministerio de Ecología.
Es un grupo con historia. Fueron ellos los que trabajaron cuando empezaron a delimitarse los parques provinciales, la semilla de lo que es hoy el Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. En ese momento, ni siquiera existía Ecología, sino que formaban parte de área de Tierras y Bosques del Ministerio del Agro.
Para la profesión es un requisito fundamental “leer los árboles nativos”, lo que se adquiere con experiencia e idoneidad. Tienen que identificar las especies en sus distintos estados: en pie, en rollos, laminadas, aserradas. Sólo así pueden detectar las irregularidades, tanto en el bosque, como en las industrias madereras o en el transporte del material forestal.
Todo lo que no sean parques o reservas (públicas o privadas) es jurisdicción de los guardabosques. Esto incluye lotes que van desde Puerto Iguazú hasta el límite con Corrientes. Sus tareas específicas son: inspección de los planes forestales y controles de industrias y de transportes.
Quienes reciben la autorización para un plan de manejo sustentable asumen distintos compromisos, por ejemplo la reforestación. Esto es lo que chequean los guardabosques. En los controles en aserraderos, tienen que reconocer sin margen de error las distintas especies y corroborar que se tenga la documentación que ampare el material y también que esos papeles estén bien hechos.
En casos en los que se detecta un apeo ilegal, cuentan los inspectores que tienen que hacer valer toda su experiencia para evitar situaciones de tensión, ya que son operativos en los por lo general hay que decomisar maquinarias o herramientas. La persuasión es la clave en esos procedimientos donde se acumulan tensiones.
Las inspecciones monte adentro tienen sus complejidades. Se extienden durante 24 o 48 horas. Se controlan los rodales habilitados y qué material se tiene autorizado extraer. En esto el aliado fundamental es el Sistema de Administración, Control y Verificación Forestal. Luego sigue la verificación en terreno. Los agentes pueden llegar a caminar hasta 20 kilómetros para tal fin, con todas las dificultades que ofrecen esos terrenos.
En el control se establecen las especies extraídas y si se ajustan a los diámetros permitidos. Luego se hace el cotejo con la planchada. Dicen que identifican los árboles por las hojas, el rollo, la corteza y hasta los olores que emanan. Lo mismo sucede con las cepas, pues detectan por indicios el tiempo del apeo. Por ejemplo, la presencia o no de rebrotes es un indicador del tiempo transcurrido desde el corte.
Luego están los controles de transporte. En esos casos, los árboles están ya “sin cáscaras ni hojas”, convertidos en rollos o láminas. Muchas veces conviven distintas especies en la misma carga. Al camionero le solicitan la documentación que avale el material, su procedencia y destino. Si hay madera no avalada, hay que detectar el origen. Esto puede llevar horas o días.
Las inspecciones en las industrias también tienen sus exigencias. A veces hay que constatar el origen de 200 o más rollos. Esto puede llevar dos o tres días.
Otra tarea de los guardabosques son los controles en picadas o salidas de lotes. Generalmente llegan a esos puntos tras denuncias (muchas a la línea Ecología Te Escucha). En esos procedimientos tienen que hacer gala de toda su sapiencia, porque el menor indicio (huellas frescas, restos de árboles) pueden conducir a alguna infracción a la normativa vigente.
Los inspectores más antiguos van transmitiendo sus experiencias a los más jóvenes. Y la tecnología aporta lo suyo. El mencionado Sacvefor (en breve se implementará la versión II), los drones y el Sistema de Alerta Temprana de Deforestación (del Ministerio de Ambiente de la Nación, que monitorea la pérdida de bosque nativo) son herramientas con los que cuenta el equipo.
La Dirección de Control Forestal depende de la Dirección General de Bosques Nativos. Además de sus funciones específicas, colabora con otras áreas del Ministerio, para la preservación de la flora y la fauna, por ejemplo.
Los guardabosques se encargan de que el bosque misionero se sostenga, que los planes autorizados cumplan todas las normas y que la actividad sea sustentable. No es una tarea fácil, a menudo presenta nuevos desafíos.